Que fácil es hablar de moral sentado en una silla, frente a un único inquisidor inmediato, el teclado, lo bueno es que lo poco que se queja se puede solucionar fácilmente.
Pero hoy no pienso pensar en los avatares de la lengua o la inquisición. Ya tengo bastante con la suma de distancia e imaginación, que me quitan el sueño.
He de incluir que este estado, por poco tiempo que sea, no se puede comparar con el sufrimiento de cuando pasa a la inversa y el tiempo se hace exponencial, se que es una pena dar tanta lastima, pero esto no se esta escribiendo solo.
ADVERTENCIA:
Es un cumulo de ideas que me atormentan y por algun lado han de salir, si crees que has entrado en un blog en el que lo que busca el escritor es hacerte reflexionar, estas equivocado, es un blog en el que "el escritor" le da vueltas a las cosas y que cada uno piense lo que le de la gana, que para eso sois "libres".
Según la R.A.E. :
confianza.
(De confiar).
1. f. Esperanza firme que se tiene de alguien o algo.
6. f. Familiaridad o libertad excesiva. U. m. en pl.
Analizando las dos acepciones (seleccionadas) me encantaría pensar que la primera es la única e irrefutable, pero la sexta te saca del sueño pues es un canto a la realidad. Aun asegurando que tengo fe ciega a la primera acepción, tengo miedo a la últimas palabras de la sexta "libertad excesiva", porque los excesos no son del todo buenos y la fe ciega oculta la realidad porque los ciegos no ven lo que tienen delante, y, basándonos en la creencia de Jena-Jacques Rousseau: El hombre es naturalmente bueno, es la Sociedad quien lo corrompe , el miedo tiende a ser justificado. Pero que algo tienda a algo, no quiere decir que llegue, solo hay que tener "esperanza" en ello.
El problema más grande de todo esto es que el miedo hace hacer cosas que no se deberían hacer, como, por ejemplo, hablar de él, cosa que irremediablemente hace mermar la confianza.
Es como el pez que se muerde la cola.
Asi que no hay conclusión que se me ocurra que no tienda a hablar mal, como mucho, que hay que confiar en la confianza y tener firme esperanza en que la libertad excesiva no invada a la propia moral. Y si no, pues nos... fastidiaremos...